El tiempo de los frutos


¿Quién jamás podrá contar los frutos
del árbol centenario repleto de vida?
Frutos de entrega, de amor y de generosidad;
frutos de esperanza, de paz y gratuidad.
Frutos lentamente madurados en el secreto de los corazones,
frutos de Evangelio para un mundo mejor.

El tiempo de los frutos se reparte a lo largo de la historia del Instituto. En efecto, desde su fundación en 1902, el Instituto no dejó de producir frutos para la Iglesia y el mundo. Muchos jamás podrán ser publicados pues su sabor y color son del diario vivir.

Tal como la viven hoy las M.I.C., la misión ofrece la rica diversidad de los acontecimientos, de las llamadas percibidas, de las necesidades nuevas y de los talentos personales. Elaborar un inventario completo sería muy difícil. Un breve reconocimiento de nuestros diferentes países de inserción señalará al paso algunas nuevas formas de compromiso al servicio de las personas y de los grupos deseosos de un crecimiento humano y espiritual. Observando este panorama es importante tener en mente lo que ha sido mencionado ya brevemente en El tiempo del crecimiento, tiempo siempre actual.

FILIPINAS

Manteniendo como prioridad la educación, las M.I.C. de Filipinas trabajan siempre con las tribus aborígenes y los más desfavorecidos de la sociedad. Llegan también a los líderes del mañana participando en la pastoral universitaria cuya meta es integrar fe y vida así como la transformación social. Dicha transformación, ellas la persiguen también a través de su participación a ciertos movimientos como los Círculos de integridad para promover en la sociedad los valores morales y hasta en la Coalición internacional de transparencia que busca un terreno común de cooperación entre los negocios, la sociedad civil y el gobierno con el fin de trabajar juntos para erradicar la corrupción.

Muchas de nuestras hermanas de las Filipinas integran los equipos misioneros M.I.C., especialmente en el Japón, en Hong Kong, en Taiwán, Malawi, Zambia, Cuba, Perú, Bolivia y Canadá.

JAPÓN

A pesar del número reducido de personal, nuestras hermanas del Japón superan el desafío de una nueva inserción en Gyoda, diócesis de Urawa. Escribe el Japan Catholic News de septiembre 2000, que los inmigrantes representan actualmente cerca de 70% de la población de esta diócesis. El horario diario es recargado: ayuda a los inmigrantes, recolecciones para los jóvenes y adultos, cursos de inglés y diversas reuniones, contactos y servicios con el fin de que esta comunidad cristiana sea cada vez más viva y dinámica.

En Tokio, una M.I.C. japonesa, que durante algunos años ha trabajado en Filipinas, es ahora agente de relaciones públicas en la embajada de las Filipinas. Su presencia y su acción facilitan la comunicación entre el personal de la inmigración japonesa y los trabajadores filipinos.

HONG KONG S.A.R.

En los grandes establecimientos escolares de Tak Oi y de Good Hope se desarrollan diversas actividades en animación social y pastoral. Dos M.I.C. viven en la China continental donde por medio de su compromiso profesional cultivan los valores humanos y cristianos. Otras van a la leprosería ubicada cerca de Wan Fau llevando a los enfermos alegría y consuelo.

TAIWÁN

Dando charlas sobre la espiritualidad y la oración y ofreciendo sesiones sobre la vida religiosa, una M.I.C. de Taiwán participa en la formación de las religiosas en China. En el mismo Taiwán, el respaldo dado a las mujeres y a los niños víctimas de la violencia se reconoce como prioridades. Los inmigrantes, especialmente los Filipinos que trabajan en talleres, reciben una atención especial.

Dos M.I.C. viven ahora en medio de los Atayals, uno de los nueve grupos aborígenes de la isla. En su servicio pastoral, expresan su profunda solidaridad con este pueblo que lucha por conservar su identidad étnica.

HAITÍ

En Haití las M.I.C. ayudan al pueblo a mantener viva su esperanza y eso a pesar de tantas dificultades. Con sus múltiples formas de servicio, mantienen como prioridad la educación integral de la persona y contribuyen en la construcción de un futuro mejor. La última inserción en Dubuisson, con los campesinos de un sector apartado, presenta un verdadero desafío pues, las escuelas, los dispensarios, la animación misionera, el despertar y acompañamiento de las vocaciones, los demás compromisos apostólicos requieren ya mucho tiempo y personal.

CUBA

La Habana, Colón y Los Palacios son tres lugares de donde irradian las M.I.C. para un servicio pastoral a nivel diocesano o nacional. Con motivo de los tiempos fuertes de la liturgia, durante la Semana Santa, las hermanas van a estos lugares que no cuentan con la presencia de un sacerdote, ayudando en esas comunidades cristianas a celebrar los misterios de Cristo. Están también comprometidas en la formación de los grupos de jóvenes y de sus animadores : recolecciones, preparación de las Jornadas Mundiales de la Juventud (J.M.J.), celebración de la Pascua juvenil, gran concentración anual de los jóvenes cristianos de todas las diócesis, talleres de formación, acompañamiento individual, etc.

Una M.I.C. en colaboración con un equipo de laicos, ha organizado una Escuela para los padres de familia. Los que participan encuentran allí una formación humana, social y espiritual que los ayuda en su vida personal y en su rol de padres. Tienen también posibilidad de desarrollar sus talentos artísticos. Se da una atención especial y continua a las parejas a fin de ayudarlas en sus compromisos.

Gracias a las visitas y al apoyo a las familias de los presos, estos reciben ayuda material y espiritual. Es un camino de evangelio para hacer visible hoy día la actitud de Cristo y abrir los corazones a su mensaje de amor.

MALAWI y ZAMBIA

Nuestras hermanas trabajan en la extensión del movimiento Youth Alive cuyo objetivo es un cambio de mentalidad y de comportamiento en lo sexual a fin de frenar la propagación del SIDA. En ese proceso de educación, los jóvenes forman a otros jóvenes para una vida armoniosa hoy y en el futuro. La lucha contra el SIDA se realiza también a partir de nuestro hospital rural de Kanyanga. Tanto en Malawi como en Zambia y en vínculo con las diócesis y los organismos no gubernamentales, se vive un esfuerzo concertado entre misioneros y laicos, orientado a la prevención del SIDA a través de la educación comunitaria, los cuidados a domicilio y el sostenimiento a los huérfanos. Trabajar a la promoción de la mujer y favorecer la madurez humana y espiritual de los líderes del mañana serán siempre las prioridades con miras al desarrollo del país y de la Iglesia en África.

MADAGASCAR

Las sectas siempre más numerosas despiertan en los cristianos convencidos el deseo de profundizar y educar su fe. Por medio de las escuelas, la formación psicopedagógica de los educadores, los grupos de compartir de la fe, los movimientos de jóvenes y la animación misionera, las M.I.C. intentan responder a esta sed en una Iglesia en plena expansión. Una M.I.C. actúa de directora en un Centro de educación permanente de los adultos con un equipo de laicos. Su formación se basa en la sicología cristiana. Dan charlas y sesión a varios grupos de adultos : seminaristas, religiosos y religiosas, parejas y padres de familia, educadores y otros profesionales. Ahora el centro está afiliado a la Universidad católica de Antananarivo.

PERÚ, BOLIVIA, CHILE

¿Algo nuevo en esos países? En Bolivia, en un sector desfavorecido ubicado en la periferia de Cochabamba, nuestras misioneras abrieron recién una casa a fin de integrarse en el servicio pastoral del sector. Allí también está el postulantado de América del Sur, es decir que las aspirantes a la vida religiosa M.I.C., procedentes de Perú, Bolivia y Chile, comienzan allá su formación a la vida religiosa y misionera.

Al compromiso en la pastoral carcelaria con las mujeres presas, se añade ahora un trabajo en un centro para los niños de los presos a fin de que ellos puedan vivir en otro ambiente que el de una celda para estudiar, jugar y desarrollar sus talentos. Hay que tener en cuenta que, en Bolivia, cuando se encarcela al padre, a menudo toda la familia vive con él, amontonada en la misma celda.

CANADÁ

En la sociedad multiétnica y pluralista que observamos en Canadá, las necesidades y los lugares de compromiso son múltiples. Es la razón por la cual encontramos a las M.I.C. en diferentes ministerios y servicios : enseñanza universitaria, cursos de francés a los recién llegados, centro para inmigrantes, catequesis y catecumenado, participación en la pastoral parroquial y diocesana, acompañamiento individual y sesiones de grupos para el crecimiento humano y espiritual, compromiso con los jóvenes, voluntariado con las personas de edad, visitas a la gente de un sector desfavorecido, etc.

Ciertos compromisos profesionales responden a veces a llamados del exterior : mujeres, jefes de empresas del Vietnam, solicitan una formación en el campo de la gestión; del Líbano, con el fin de ayudar en la organización de los cuidados de enfermería en un pequeño hospital en El-Ahmar. Dos laicas misioneras colaboraron con una M.I.C. en la realización de este último proyecto.

MISSIÓN ESPECIALE

Misioneras hasta el fin de su edad, nuestras mayores conservan un ardiente interés por el trabajo que se realiza en los distintos países. Una fuerza espiritual brota de su vida de oración, sostiene el dinamismo del Instituto y abre los corazones al Evangelio.



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