El tiempo de la siembra
Sembrado en un suelo fértil
el grano germina poco a poco.
Movido por la vida,
un frágil tallo brota en silencio.
![]() |
Una señorita de Marieville, Délia Tétreault, descubre por llamados sucesivos que en ella está la semilla de una gran realización misionera. Ante todo, vive un sueño misterioso grabado en su memoria infantil y que ella misma relatará muchos años después : En ese sueño, estaba yo de rodillas junto a mi cama, y de repente, vi un lindo campo de trigo maduro que se extendía hasta perderse de vista. En un momento dado, todos los trigos se cambiaron en cabezas de niños... La pequeña Délia comprende entonces que esos trigos representan todos los pueblos que no conocen el Evangelio. Educada en una familia cristiana ferviente, conocía seguramente la palabra de Jesús : La mies es abundante, pero los obreros pocos; recen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. (Mt 9,37) |
| Más o menos a los dieciocho años, Délia, deseando ser religiosa, pide su admisión en las Hermanas de la Caridad de St-Hyacinthe. Allí experimenta una fuerte intuición, como un mensaje interior : Una noche, dice ella, mientras estaba en una salita con postulantes, me pareció que Nuestro Señor me decía que más tarde tenía que fundar una Congregación de mujeres para las misiones extranjeras y trabajar en la fundación de una parecida sociedad de hombres. Délia no permaneció en esa Congregación pero quedó obsesionada por la llamada allí recibida, llamada que se precisará cada vez más. Cuenta ella : El mismo año o el año siguiente (1883 ou 1884), estando en la casa de campo de un tío, fui con mis primas a recoger frambuesas. En el momento en que estaba ocupada con mi cosecha, vi en espíritu una gran casa, como un monasterio, poblado de sacerdotes, y otra, con muchas religiosas... |
![]() |
![]() |
¿Ilusión? ¿Sueño? o ¿Anuncio discreto en su corazón de joven de un proyecto divino al que se siente invitada a colaborar? Délia reconoce su fragilidad y su falta de recursos. Pero más o menos en la misma época, vive una profunda experiencia espiritual que la conforta muchísimo : Un día, sentada en el jardín de la casa paterna, experimenta la entrada del Espíritu Santo en ella y comprende que Él mismo la dirigirá. Délia se pregunta seguramente cómo va a realizarse ese querer de Dios. En la oración y el silencio, durante muchos años de trabajo en la obra de Betania, lentamente germinará la semilla, cargada de vida nueva. |