El tiempo de las tempestades
Tempestades se abaten sin contemplaciones;
el vigoroso tronco resiste valientemente
pero las ramas, encorvadas por el viento,
lloran las hojas llevadas tan prematuramente.
Pobreza, guerras, persecuciones, encarcelamientos, inundaciones, lentitud en las comunicaciones, dificultades en el aprendizaje de otras lenguas, problemas de aclimatación, puntos de vista diferentes, enfermedades, muertes... Es larga la lista de acontecimientos dolorosos que en la historia de nuestro primer centenario pidieron un aumento de audacia, esperanza y fe a fin de hacer triunfar la vida y abrir el porvenir. La primera misión lejana del Instituto fue en Cantón, China, en el año 1909. Algunos años más tarde comenzarán tiempos turbulentos en el plano civil que repercuten en el trabajo de los misioneros. |
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En los años 1911-1914, la China estaba en plena revolución. La dinastía Mandchoue, que gobernaba la China desde el año 1644 llegaba a sus últimos días. Por todas partes era notable la rebelión. En Cantón, las hermanas vivieron durante largo tiempo en una gran inseguridad. Las continuas alertas obligaban a las alumnas a dejar la ciudad para refugiarse en Hong Kong o en Macao. Las que no podían huir permanecían bloqueadas en sus casas. A menudo se escuchaba el estallido de disparo cerca de la casa de las hermanas. Monseñor escribió a Canadá : "Ni el más mínimo miedo afloró a sus almas en los momentos más peligrosos". (RAGUIN, Yves, s.j., Au-delà de son rêve... Délia Tétreault, p.239) |
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Los violentos cambios sociales repetidos en China continental llevaron finalmente a la expulsión de los misioneros extranjeros. Las M.I.C. fueron expulsadas de esta tierra de misión en el año 1953 con excepción de la hermana china Lucia Ho. (Cf. Positio, p.185-186) En casi todos los países donde han estado presentes, nuestras misioneras han vivido años difíciles. Junto con el pueblo han conocido la guerra, los golpes de estado, las dictaduras, los racionamientos de alimentos, las restricciones de los derechos y libertades. También han acompañado a la gente en sus luchas pacíficas por la liberación. |
En junio del año 1918, la leprosería de Shek Lung, China, conoce horas de gran angustia: Vivimos una verdadera calamidad, la inundación más espantosa que hemos visto. El agua subía continuamente. Nuestros pobres enfermas tuvieron que dejar la sala pues la corriente les llevaba sus camas (...). Habíamos ampliado la enfermería lo que nos permitió compartir con otras personas nuestra casa (...). El agua llegaba también, pero al menos podían dormir en sus camas secas. Pasado un tiempo de reclamación, el Gobierno envió un barco con capacidad para cien personas. Nos quedaban todavía treinta en la casa. Todas estas pruebas no nos abaten; nos alegramos de poder compartir nuestro techo con los más pobres de este mundo. (Los Treinta Primeros Años del Instituto, p. 273) |
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Una tercera inundación nos mantuvo en el agua todo el mes de agosto, es decir, estuvimos sumergidas todo el verano. Las comunicaciones se hicieron difíciles, las calles estaban rotas por la fuerza del agua que minaba el terreno. Las pérdidas de vida, de víveres y de barcos fueron considerables. Un terrible tifón de 24 horas dejó también enormes daños. Nuestras hermanas de Cantón sufrieron daños en el convento y en el jardín y nosotras expuestas al peligro de las flotas sin ningún recurso humano - no había barco que soportara la fuerza del viento- sin embargo nos sentíamos tan bien protegidas por el Buen Maestro que no tuvimos angustia. (Los Treinta Primeros Años del Instituto, p. 274) |
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Inundaciones, tifones, tornados, erupciones volcánicas, temblores de tierra e incendios, están presentes en la historia de nuestras diferentes tierras de misión. Momentos de sufrimiento, pero sobre todo de gran solidaridad con las víctimas de estos cataclismos. Con los años que pasan, Marie du Saint-Esprit (Délia Tétreault) tiene una conciencia cada vez más clara de lo que debe ser el Instituto. Sólo ella puede discernir si lo que se hace está en la línea de aquello que Dios le ha inspirado. Esta inspiración, ella la defenderá contra los y las que quieren orientarla en otra dirección. (RAGUIN, Yves, s.j., Au-delà de son rêve... Délia Tétreault, p.241) Aun muy penosas, las tormentas que vienen del exterior son menos dolorosas que las que sacuden dentro de la Congregación. Dos M.I.C., creyendo sinceramente responder a una llamada particular de Dios, se separan del Instituto para fundar dos comunidades misioneras. Los años que han precedido estas salidas han sido años de mucho sufrimiento para Madre Délia, el Instituto y las hermanas que tenían un carisma diferente al de nuestra Congregación. |
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Si el Instituto prosperó, fue gracias a la fidelidad de la Fundadora a su inspiración, inspiración que sentía de Dios. Ella no veía inconveniente en que otras fueran inspiradas por Dios para fundar Congregaciones con otro espíritu y otro fin, pero estaba convencida de que un Instituto naciente no podía ser la expresión de dos inspiraciones que lo llevaban en direcciones diferentes. Después de esta larga y penosa crisis, el Instituto que había fundado salía más unido y más fuerte. Lo animaba siempre desde el interior con una lucidez que no hubiera podido tener sin la confrontación con dos vocaciones diferentes a la suya. (RAGUIN, Yves, s.j., Au-delà de son rêve... Délia Tétreault, p.380-381). |
La enfermedad bajo diferentes formas visita a menudo a nuestras misioneras, obligando a algunas a regresar a su país natal más rápido de lo que estaba previsto o impidiendo a otras partir para la misión ad extra. Algunas jóvenes y menos jóvenes cogieron la tuberculosis, enfermedad muy frecuente en el tiempo de la fundación. El primer deceso fue el de la Hermana Saint-Jean-l'Évangéliste (Rachel Lalumière). Murió en Cantón, China, teniendo sólo 23 años. Para nuestro Instituto, que en ese año celebraba la primera década de su existencia, fue algo especial el supremo adiós de uno de sus miembros. También fue doloroso para la familia entera. Sin embargo estuvo acompañado de una gran consolación, la de ver a nuestra joven Sociedad implantada en la eternidad. (Los Treinta Primeros Años del Instituto, p. 173). |
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A causa de su débil salud, Madre Délia no pudo realizar su gran deseo de visitar a sus misioneras trabajando en los diferentes países. Los últimos años de su vida han sido particularmente marcados por el sello del sufrimiento. En efecto, después de una congestión cerebral, Madre Délia fue quedando más paralizada y con dificultad para expresarse. Durante los ocho años que dura esta vida recluida, el Instituto vivió en la inquietud. El médico decía a menudo: "Vuestra Madre morirá súbitamente... Sus días están contados." (...) Progresivamente su enfermedad la aislaba de las hermanas aunque durante bastante tiempo pudo comunicar con ellas. Les escribía por medio de una hermana que le servía de secretaria. (Raguin Yves, s.j., Au-delà de son rêve... Délia Tétreault, p.440) |
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El 25 de enero de 1939 durante el primer Capítulo general del Instituto, la Madre Marie-de-la-Providence (Anna Paquette) fue elegida superiora general reemplazando a Madre Délia. La tarde de ese día, cuando se dijo a la Madre Marie du Saint-Esprit (Délia Tétreault) que estaba liberada de su peso, manifestó una verdadera alegría y apoyando su mano sobre la elegida pudo pronunciar con dificultad estas palabras : "Yo estoy muy contenta". Sí, Madre Délia tenía mucha razón para estar contenta, pues la nueva elegida había sido durante muchos años su brazo derecho, su asistenta y su confidente. |
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Al final de su vida, Délia podía decir como María un gran Magnificat. En su actitud de atención a Dios deseaba ser como María. Deseaba estar a la escucha del Padre como lo estuvo María toda animada por el Espíritu Santo. Así fue para su tiempo, mensajera del Espíritu toda dedicada a la obra que el Padre cumple en este mundo por medio de su Hijo Jesucristo. El 1ro de octubre de 1941, Madre Délia se apagaba apaciblemente en la nueva Casa Madre del Instituto situada en 2900 Chemin de la Côte Sainte-Catherine, Montreal. En su edición del 4 de octubre, el periódico La Patrie le rinde homenaje en un largo artículo titulado: Una Santa acaba de morir dejando una obra inmensa. |
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