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El Japón es un país fascinante, una tierra de contrastes con diversos colores donde se mezclan el Oriente y el Occidente. Cerca de los edificios ultra modernos y de la frenética agitación de sus metrópolis, sus templos milenarios graciosamente encorvadas parecen haber vencido milagrosamente el tiempo. Aunque el país haya logrado un lugar de primer plano en las más altas esferas de la tecnología moderna, no ha perdido su alma mística. Sus reglas de etiqueta y conveniencias heredadas de la época feudal, como la primacía acordada siempre y doquier a la estética, forman parte de su originalidad y de la fascinación que ejerce sobre el visitante.

En el IXno siglo, el país rompe todas sus relaciones con sus vecinos e inicia una era de aislamiento que se prolongará tres siglos más. A lo largo de los XVII y XVII siglos, manifiesta de nuevo su hostilidad a toda religión extranjera y toda influencia secular comprometiéndose decididamente en una política de reclusión nacional. Este período durará 250 años hasta el momento (1868-1912) en que el Emperador Meiji sacará el Japón de su aislamiento y estatuto de sociedad agrícola y feudal. A fines de la Segunda Guerra mundial, el país está arruinado. Necesita de un nuevo relance. Procede entonces a un enderezamiento económico y una revisión de sus valores nacionales. Gracias a esas nuevas orientaciones y respaldado por las cualidades propias del pueblo como el talento para el negocio, el espíritu cooperativo, la lealtad y la perseverancia, el país logra en menos de medio siglo, ser una autoridad financiera mundial. En materia de política extranjera, adopta una actitud basada en la cooperación internacional y la promoción de la paz.

En esa democracia moderna, el emperador conserva su trono como símbolo de unidad nacional pero en realidad, el poder está entre las manos de políticos, burócratas y gente de negocios influyentes. El archipiélago cuenta con 127 millones de habitantes y perdura una nación insular cuya composición étnica en su mayoría es japonesa. Su idioma y ciertos aspectos de su cultura le dan un carácter único que lo diferencia de sus vecinos del continente asiático oriental. Es el país del bonsái , de los jardines zen y del arte delicado de los arreglos florales llamados "ikebana".

Nuevas llamadas en Asia

Luego de haber respondido a la llamada de la Iglesia de China en 1909 y a la de la Iglesia de Filipinas en 1920, nuestra Fundadora acoge la invitación de la Iglesia del Japón como una nueva ocasión de dar a conocer la Palabra de Dios en tierra no cristiana. La primera partida fue en 1926. Nuestras pioneras trabajan durante algunos años en el sur del país, y luego van al norte, en Koryama en 1930 y en Aizu Wakamatsu en 1934. Todo parece presagiar un futuro prometedor cuando en 1941, estalla la guerra entre los Estados Unidos y el Japón. Durante dos años nuestras misioneras viven la incertidumbre de una vida en residencia vigilada en su convento de Aizu Wakamatsu.

En 1943, en el marco de los intercambios de prisioneros de guerra, entran en el Canadá. Después de la guerra ellas retornan a un Japón devastado y adolorido. El shintoismo como religión oficial del Estado abolido. Comienza una nueva era. Se construyen las iglesias y se asiste a un creciente número de escuelas, de hospitales e instituciones caritativas dirigidas por diversos grupos cristianos. En 1949, en Aika Wakamatsu, nuestra escuela Saint François Xavier acoge a sus primeros alumnos. Al año siguiente abrimos un Jardín de Infancia en Tokio y en 1958, otra escuela en Koriyama.

75 años de presencia

Después de 75 años de presencia en la Iglesia del Japón, nuestras Hermanas se comprometen a continuar su misión con alegría y gratitud y trabajan como Iglesia. En esta hora de multiculturalismo y mundialización, ellas trabajan específicamente en la evangelización de la sociedad japonesa. Van proclamando la Buena Nueva de la Salvación a las personas que no conocen a Jesucristo, avivando en los cristianos el sentido misionero. Buscan favorecer el encuentro con Cristo a través de su mensaje de vida mediante varias obras apostólicas : la educación cristiana, servicios en pastoral, trabajo con los inmigrantes, compromisos por la justicia y la protección del medio ambiente. Aunque sean pocas, participan del envío de sus misioneras a otros países. Acogen a las ASMIC (Asociados y Asociadas a las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción) deseosas de vivir la espiritualidad de acción de gracias legada por Délia Tétreault y colaboran también a los programas Inter-Asia entre nuestras misiones de Hong Kong, de las Filipinas, de Taiwán y las del Japón.

Texto Précurseur (Abril - mayo - junio 2002)
Louise Denis, m.i.c.
Traducción: Marie-Paule Michaud, m.i.c.


Les invitamos a visitar nuestra escuela secundaria St-François-Xavier de Koriyama.



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