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El Malawi y la Zambia cuentan muchas etnias de origen bantue. Rural a 80%, la población de esos dos países vive de los productos de la tierra y de la ganadería. La personalidad de los africanos es de naturaleza espontánea, amor a la vida y un apego muy marcado por los colores y la música. La danza manifiesta a la vez su asombrada vitalidad y su profunda sensibilidad. Conscientes de la riqueza de su cultura, la transmiten fielmente de generación en generación. África ha conocido grandes civilizaciones y la historia de sus pueblos y culturas conoce páginas magníficas. Sin embargo existen aún hoy día, en este vasto continente, algunos países en busca de un gobierno democrático y también regiones donde la lucha contra la pobreza, la ignorancia y la enfermedad, es intensa y difícil.

En 1954, Mons. Firmin Courtemanche . M. Afr., obispo de la diócesis de Chipata en Zambia, recibe una respuesta favorable a su petitción. Acoge a nuestras hermanas en la parroquia de St Anne de Fort Jameson. Entusiastas y determinadas, nuestras misioneras aprenden los idiomas vernáculares de las regiones donde trabajan y se integran a la vida diaria de la gente. Se hacen próximas a ellos con el fin de conocer su cultura y sus costumbres. Su misión evangelizadora se acompaña de proyectos que responden a las necesidades reales de su medio. Escuelas son construidas, dispensarios acogen a los enfermos, escuelas de ciencias domésticas preparan a las mujeres jóvenes a su rol de esposa y madre, cursos de catecismo se dictan y se organiza la pastoral parroquial.

El alma africana


Los africanos tienen valores naturales y culturales propicios a la acogida del Evangelio. Creen en un Dios creador, maestro de la vida y de la muerte. Tienen una visión dinámica sobre el universo de donde lo espiritual y lo material se conjugan siempre. La dimensión social de su vida comunitaria descansa sobre los principios de justicia y de respeto a la autoridad. La realidad del mal, en sus formas individuales y sociales, está presente en la conciencia del pueblo, en el seno de los clanes, dando lugar a la práctica de los ritos de purificación a fin de restablecer la comunión entre los vivos y con los ancestros. En cuanto a su relación con la naturaleza que les da todo lo necesario es una relación mitigada de temor y veneración.

La revelación de un Dios Amor, personal y misericordioso, hecho carne en Jesucristo, responde a las aspiraciones profundas del alma bantue. Disipa los temores y refuerza la Vida en todas sus dimensiones. Sin embargo, la adhesión a la fe cristiana es exigente y pide reajustes en la práctica de ciertas costumbres y ritos culturales. La Buena Nueva propuesta es semilla de vida. Cuando se recibe, toma raíz en la cultura del pueblo, integra sus valores humanos auténticos, los purifica y les da su sentido completo. El Espíritu de Dios hace todas cosas nuevas en el corazón de los y las que acogen su acción íntegra y sinceramente.

Texto : Précurseur (Octubre - Noviembre - Diciembre) 2002
Louise Denis
Traducción : Marie-Paule Michaud, m.i.c.

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