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ORIGEN DE UNA ESPIRITUALIDAD DE ACCIÓN DE GRACIAS
CON CARÁCTER MARIANO Y MISIONERO

Para hablar del origen de una espiritualidad de acción de gracias con carácter mariano y misionero, conviene señalar dos aspectos esenciales: el contexto eclesial del tiempo y los jalones importantes de esta espiritualidad en Délia Tétreault.

Contexto eclesial del tiempo

Délia Tétreault nace en 1865. Hija de la Iglesia, hereda un espíritu eclesial marcado por la dimensión misionera en el compromiso cristiano como expresión de agradecimiento por la fe recibida. También desarrolla un gran amor hacia María, a quien atribuye aú la existencia de su familia religiosa. (Cf. Carta 3 de mayo 1912)

Una mirada rápida a los escritos del tiempo que se refieren a la Iglesia misionera permite recoger más de un texto donde se habla de acción de gracias. Otros son elocuentes sobre la devoción mariana de la Iglesia de la época. El espíritu de esos textos y no la letra tuvo, sin duda, una influencia sobre Madre Délia. Nos limitamos a dar algunos ejemplos.

La Obra misionera de la Santa Infancia les proporciona [a los niños] la ocasión de demostrar la gratitud que, por su fe, deben a Dios. (Breve de Pio IX, 1856)

Hoy más que nunca, el dogma de la Inmaculada Concepción es como el sol que ha de disipar las tinieblas de los errores que influyen en el espíritu de las naciones. Mientras más hablaremos al pueblo de este glorioso privilegio concedido a la Madre de toda la Iglesia, más gracias obtendremos. (Carta de Mons. Bourget a sus sacerdotes, 10 de marzo 1858)

Qué mejor medio [el de la colaboración de los fieles a las Obras Pontificias Misioneras] para manifestar a Dios su agradecimiento por tantas gracias que les ha concedido en el bautismo. (Carta pastoral de los Padres del 4o concilio provincial de Quebec, 14 de mayo 1868)

Todo católico adulto tendría que practicar la verdadera devoción a María, es decir, como la definía el bienaventurado de Montfort, nuestra santa dependencia de Jesús por medio de María. (Carta de Mons. Duhamel, 25 de abril 1904)

Debemos nuestra salvación… a Dios sólo, a la Iglesia de Dios… Nobleza obliga… debemos llevar a los demás pueblos la superabundancia de las gracias de predilección que Dios nos ha prodigado. (H. Bourassa, Le Canada apostolique 1919, p. 163-164)

Tributaria de la evolución de la espiritualidad cristiana, esta espiritualidad de acción de gracias recibió y sigue recibiendo la influencia de cada época y medio ambiente donde se la vive.

Los jalones importantes de esta espiritualidad en Délia Tétreault

Sin haber dejado algùn compendio de espiritualidad o relatos especiales sobre este tema, Délia Tétreault ha legado su herencia espiritual en numerosos escritos (más de 2000 cartas), en las conversaciones con sus hermanas y sobre todo por medio de la autenticidad de su vida. Ella se presenta como un gran libro abierto reflejando una vida luminosa, intensa, fecunda y contagiosa. Revela su riqueza interior, su manera de vivir la vida cristiana y su respuesta al proyecto de Dios sobre ella.

Una vida impregnada de algo distinto… Una vida surgida de un manantial…
Una vida rebosante de acción de gracias… Una vida consagrada a la misión con María.

Una vida impregnada de algo distinto…

Desde su infancia, Délia Tétreault reconoce casi intuitivamente la atenta presencia del Padre en la naturaleza y en las personas de quienes Él se complace en tomar el rostro, la voz, el corazón.

Siendo todavía adolescente, según el movimiento propio de la acción de gracias, en la medida misma de su intuición espiritual, busca cómo responder a Dios con un don incondicional de sí misma, haciendo el voto de castidad perpetua.

A los diez y ocho años, un día cuando estaba en el jardín de su padre, toma conciencia de la venida del Espíritu Santo en ella. Él le hace comprender que la guiará. Marcada de este algo distinto, Délia acepta sumergirse en el corazón del misterio. El Espíritu le revela poco a poco lo que será su manera de ser, su identidad propia en la Iglesia y su modo particular de captar y de experimentar la vida cristiana. (De un relato de Délia Tétreault al Canónigo J.A. Roch, lro de octubre 1933)

Jardín de Marieville

Ella desea consagrarse totalmente a Dios y primero sueña con entrar al Carmelo. Más tarde, hace una breve estadía en el Postulantado de las Hermanas Grises de St-Hyacinthe. Después se dedica a los pobres. Délia lleva un llamamiento profundo en lo más secreto de su corazón…

Una vida surgida de un manantial…

En sus notas personales y en su amplia correspondencia, Madre Délia deja surgir, transparente y clara, la fuente que la habita en el corazón de lo cotidiano: Así es cómo ella escribe a la Hna. Marie-Immaculée, m.i.c.

Dios nos ha dado todo, aun a su proprio Hijo… (Carta, 4 sept. 1916)

Para ella, todo es don en Jesucristo. Estando segura del amor de su Dios, encuentra su huella en todo lugar. Sueña con consagrarse un día al "delicioso deber de la acción de gracias" y de comprometer en esta vía a todas las personas que deseen seguirla.

¡Ah ! ¡cómo me gustaría hablarles detalladamente sobre este importante y delicioso deber de la accíon de gracias ! (Ibid.)

Mís adelante, ella precisa su intuición:
Que nuestra vida sea por la oración, el sacrificio y el trabajo un canto perpetuo de agradecimiento por nosotras mismas y por todos los que se olvidan de agradecerle, siendo deudores en todo. Impregnémonos de esta idea, vivamos de ella, y hagámoslo tan bien que la dejemos como herencia a las que nos reemplazarán. (Ibid.)

Una vida rebosante de acción de gracias…

Fiel al espíritu de su vocación y profundizándolo siempre más, Délia Tétreault afirma su convicción profunda:

Mientras más Nuestro Señor me hace penetrar en el espíritu de nuestra vocación, más me parece que la principal razón de ser de nuestra Sociedad, es realmente la acción de gracias en unión con nuestra Inmaculada Madre y todos los bienaventurados del cielo. (Ibid.)

En todos los textos de Délia Tétreault estalla el agradecimiento. Como María, es consciente de haber recibido todo de su Dios. Todo es don, aun el sufrimiento. En toda circunstancia, Madre Délia se apropia, para sí misma y para su comunidad, de las palabras que Lucas presta a la Virgen.

El Magnificat, es nuestro canto de predilección. ¡ Que toda nuestra vida sea un Magnificat perpetuo! (Carta. 2 de abril 1924)

Ya, en 1902, en su Esbozo de las Constituciones, Madre Délia invitaba a "ofrecer su vida como un himno de perpetua acción de gracias".

Entusiasmada por la seguridad de que nada es imposible a Dios, Madre Délia, como María, cree que puede trasladar las montañas. Esta certeza la fortalece y la hace capaz de pronunciar un "sí" entre los más audaces y los más dolorosos. Está segura de su Dios y vive con una sorprendente profundidad esta libertad, esta transparencia que es propia de la acción de gracias.

Dios la puede, colmar de su plenitud, multiplicar sus gracias y llamamientos, Él encontrará siempre en Délia acogida y don. Hallará en ella un corazón que escucha y que no ahorra medios para ponerse al servicio incondicional de Dios.

Una vida consagrada a la misión con María.

La acción de gracias es fecunda sólo cuando hay don de sí mismo. La misión del Hijo de Dios, la de María y la de la Iglesia lo ilustran y lo mismo pasa con Délia Tétreault. Lo comprueba ella misma:

El apostolado con los infieles nos ha sido dado, me parece, por la Virgen Santa como medio exterior para manifestar nuestro agradeciemiento. (Carta, 4 sept. 1916)

La inspiración de Madre Délia se remonta a la fuente de todo bien, a Dios quien "nos ha dado todo, aun a su propio Hijo" en un acto de inconmensurable gratuidad. Consciente de una tal riqueza, sabe reconocer la gracia, de donde brota el impulso de la acción de gracias que conduce al don de sí mismo por la acción.

¡Entregarnos es nuestra vida! No es suficiente agradecer a Dios con palabras (…) también hay que manifestar nuestro agradecimiento en actos. (Entrevistas, Archivos M.I.C.)

Para ella, el compromiso misionero deriva de la toma de conciencia de la gratuidad divina: es correspondencia, reciprocidad, exigencia interior, respuesta a la llamada de una gracia ofrecida. Así, la gracia de la fe una vez reconocida la lleva a dar gracias personalmente y a compartir: "El único fin de la Sociedad es la propagación de la fe entre las naciones infieles." (Esbozo de las Constituciones M.I.C., 1902)

En resumen, en Madre Délia, hay una vida que canta al Señor y le agradece sus incesantes beneficios; una vida que invita a hacer lo mismo; una vida que aspira a dar una voz a tantos seres que se olvidan de agradecer a Aquel a quien lo deben todo; una vida consagrada a la misión siguiendo los pasos de María; una vida feliz y plena porque Dios es AMOR, es fiel y porque TODO es GRACIA.

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